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Los estilos de aprendizaje podrían ser realmente uno de los mitos de la neurociencia más extendidos

Los estilos de aprendizaje podrían ser realmente uno de los mitos de la neurociencia más extendidos

En los últimos años se ha extendido una clasificación que permite conocer la forma en como la gente absorbe la información denominada estilos de aprendizaje, aunque existen adaptaciones, de manera general se distinguen las personas visuales, auditivas y kinestésicas.

¿Eres de los que aprende tomando notas, repitiendo en voz alta lo que escucha o utilizando de manera predominante cualquiera de tus demás sentidos?

¿Y si la creencia de que existen estilos de aprendizaje fuera sólo uno de los mitos de la neurociencia más extendidos?

Son varios los estudios que intentan demostrar que no hay evidencia creíble de que los estilos de aprendizaje existan.

Según Daniel Willingham, profesor de psicología de la Universidad de Virginia: “… es una de esas cosas que la gente piensa que ha descubierto, dan por hecho que la ciencia sabe que es verdad“.

La teoría de los estilos de aprendizaje ha existido por más de un siglo e intenta demostrar que las personas aprenden mejor cuando el método de enseñanza se empalma con su modo preferido de aprendizaje.

Uno de los estudios más recientes no concluye que la teoría de los estilos de aprendizaje esté equivocada sino más bien que ninguna de las partes ha presentado una teoría con evidencia que la afirme o refute de manera contundente.

Según Willingham esto debería ser argumento suficiente para no ser usada en un aula, en entornos reales.

Tom Bennett, maestro radicado en Londres y fundador del sitio Research ED, dedicado a ofrecer información sobre técnicas de investigación educacional, ofrece un ejemplo válido pero ¿correcto?:

Imagina que debes enseñar a una persona a la que no le gusta leer ni escribir. Puedes sentarte con ella y tratar de adaptarte a sus “necesidades de aprendizaje” pero ¿la estás realmente ayudando?

La respuesta correcta según Bennett sería ayudarla a leer y escribir. Complacer sus preferencias podría hacerle más daño manteniéndola en su zona de confort.

Otro artículo de New York Magazine es tajante al afirmar que los estilos de aprendizaje son un mito que prevalece.

La palabra usada para definir la teoría es neuromito, caracterizado según Paul Howard-Jones, profesor de neurociencia y educación en la Universidad de Bristol, por ser considerado como un malentendido o interpretación errónea de hechos científicamente establecidos.

Otro de los neuromitos más populares es el que afirma que sólo usamos el 10% de nuestro cerebro.

En el 2012 se realizó una encuesta que incluyó a 242 profesores ubicados en el Reino Unido y los Países Bajos en el cual se les preguntó cuáles neuromitos consideraban como científicamente correctos.

El mito más popular es precisamente el que afirma que existen los estilos de aprendizaje, 93% de los profesores del Reino Unido y 96% de los profesores de los Países Bajos afirmaron creer que es verdad.

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Como dato curioso, el segundo mito más popular es el que afirma que tener un lado dominante en el cerebro (hemisferio derecho o hemisferio izquierdo) afecta el aprendizaje.

Según Philip Newton, profesor de la Universidad de Swansea:

Los estilos de aprendizaje no funcionan, a pesar de que la literatura de investigación actual esté llena de documentos que abogan por su uso. Esto socava la educación como un campo de investigación y probablemente tenga un impacto negativo en los estudiantes.

En 2004, Frank Coffield profesor de educación en la Universidad de Londres, condujo una investigación sobre los 13 modelos de estilos de aprendizaje más populares y encontró que no había suficiente evidencia para aplicar técnicas de enseñanza tomando como base esos estilos de aprendizaje.

De un estudio del 2008 realizado por Harold Pashler, profesor de psicología de la Universidad de San Diego, es puede extraer que:

Aunque la literatura relacionada con los estilos de aprendizaje es enorme, sólo unos cuantos estudios han usado una metodología experimental capaz de probar la validez de los estilos de aprendizaje aplicados a la educación. Más aún, de aquellos que usaron un método apropiado, algunos encontraron resultados que contradicen rotundamente la hipótesis popular. Se concluye por tanto que en la actualidad no existe evidencia suficiente que justifique la incorporación de evaluaciones de estilos aprendizaje en la práctica educativa en general.

La suposición detrás de los mitos de aprendizaje parece estar basada en el hecho científico que afirma que regiones diferentes del córtex cerebral tienen diferentes funciones en los procesos visuales, auditivos y sensoriales, y que los estudiantes deberían aprender de manera diferente de acuerdo a la parte de su cerebro que funciona mejor.

Sin embargo como menciona Howard-Jones, la interconectividad del cerebro hace que tal suposición sea errónea.

La difusión de los neuromitos se ha dado en gran parte debido a las barreras técnicas de lenguaje que hacen difícil la interpretación de documentos relacionados con la neurociencia por parte de personas no expertas, además de la sobre simplificación de las ideas científicas originalmente más complicadas de entender.

Además, los mitos suelen florecer en culturas en donde las creencias sobre el cerebro no están sujetas a escrutinio, al final y como menciona Howard-Jones, es poco común que los métodos de enseñanza en un salón de clase sean rigurosos o científicamente comprobados por un observador.

¿Es más fácil creer?

Frank Coffield después de publicar su estudio dijo a The Guardian: “Los enfoques de bajo costo y de implementación sencilla pueden tener éxito entre los educadores, sobre todo si estos son divertidos y por lo tanto susceptibles de ser bien recibidos por los estudiantes”.

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Written by Cristian Monroy

Consultor en Marketing, Tecnología y Social Media. Más de 8 años desarrollando negocios y capacitando profesionales. ¿Tienes una idea? Te ayudo a hacerla realidad. Te proporciono información accionable y basada en la experiencia. La información es poder y yo te enseño a sacarle el máximo provecho.

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